Suave y sonoro el sonido del árbol susurra el secreto de mi pasión.
Montaña adentro en tu cuerpo sereno, mares de miel brotan; llanos de tu cuerpo avivan el relieve de tu desnudez. Recorrerte, oh diosa tentadora, dulzura, exotismo… tus besos abrigan al niño que teme al vendalval de tu cuerpo: porcelana y diamante, marfil y seda.
Gota de cristal, cura de mi sed. Tu cabello es el aire que a mi pecho falta. De tu cuerpo prendido estoy, y tú, serena y calma no estás en la vereda... nada queda de ti, más mis sueños te persiguen y se perturban con la gota que juega a llenar la herida abierta.
Vas rápido como el susurro que se aumenta, que se expande, que golpea, que hiere. Quiero abrigar la suave seda de tu cuerpo; ser tan solo yo pleno de ti.
Beso al aire veloz, que sacia rapaz la necesidad de encontrarme de nuevo con tu cuerpo y beber gota a gota, enteramente tuyo, de tu mar.
Sigiloso entro al lugar donde de tu seno, pude ser yo hijo de tu cuerpo. Vacío, vacío, vació el espíritu su pena en la cama, donde el cuerpo pesaba y las ganas incomodaban.
Consuelo desierto de mi Afrodita ausente, cama desierta, incompleto soy. Todo nos separa, todo nos libera, más yo soy esclavo de ti: ruedan las gotas de dolor, ruedan las noches sin vos.
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